Una vida para robar con traje y corbata

“La vergüenza pasa, el dinero se queda”. Máxima del ladrón de cuello blanco…

 

 Desde pequeño quiso salir de pobre. Su sueño era no volver a pasar hambre, ni usar zapatos rotos, mucho menos ropa remendada. Cuando salió de sexto primaria, le daba vergüenza su familia; a sus amigos jamás llevó a casa: le daba horror que se fueran a dar cuenta de cómo vivan hacinados en aquella vivienda de letrina y patio de tierra.

Trabajó duro, eso sí. La meta era irse a vivir a otro lado, no más en aquella colonia donde la tierra se le pegaba al trasero en el verano y el lodo ensuciaba todo en invierno. Salió de bachiller y empezó a trabajar de cajero en un banco, en las tardes estudiaba en la Universidad estatal.

Se recibió de abogado y pronto se metió a un partido político; descubrió que la forma más rápida de hacer dinero era siendo funcionario de gobierno. Su partido ganó las elecciones y Él fue diputado. Lejos quedaron aquellos días de miseria y pobreza. Eso lo borró de un plumazo; se alejó de su familia; renegó de sus orígenes y su cuna; empezó a levantar la mano para aprobar leyes donde el soborno estaba implícito y a plegarse a las demandas de los caciques del partido.

De una covacha, pasó a una mansión. Sus amigos eran ahora los más altos jerarcas del partido, a quienes invitaba a su casa para beber los mejores vinos y los tragos más sofisticados del mercado. Su esposa era hija de un general y su estatus cambió totalmente.

Empezó a amasar una de las fortunas más grandes del país; tenía dinero en bancos nacionales y extranjeros. Su fotografía aparecía en diarios y revistas, la televisión le daba espacios y la radio lo tenía como su consentido. Era el político del momento.

 El presidente, su amigo personal, lo nombró gerente de una de las instituciones más importantes del país. Y encontró la gloria. Se dio cuenta que las cifras millonarias que entraban cada mes, podían ser utilizadas para beneficio personal y del partido. Hablo con el presidente, quien aceptó la idea. Quería que su partido estuviera otros cuatro años en el poder y empezó el saqueo del erario público. Hoy, todo es historia, el funcionario tuvo que huir del país cuando se descubrió que engañaba al presidente y al partido, al quedarse con más dinero que mandaba a una isla en el Caribe. Dicen que está condenado a muerte por la gente del partido. Verdad o ficción? En Guatemala y en otro país de América Latina todo cabe en lo posible… y cualquier semejanza con la realidad no es más que pura coincidencia…

Por Haroldo Sánchez

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