Con una pulsera electrónica en el tobillo, el pastor evangélico guatemalteco, fue liberado del Centro de Detención Adelanto tras semanas de arresto por el Servicio de Migración y Aduanas (ICE) cuando acudía a cumplir una cita de rutina en el edificio federal del centro de Los Ángeles.

Noe Carias, de 42 años de edad, fue traído a Estados Unidos cuando tenía 13 años. Sus padres vinieron escapando de la violencia y la guerra en Guatemala y durante este tiempo no logró resolver su situación migratoria en Estados Unidos.

Él es pastor de la iglesia Pentecostés Cristo de la Roca del Poder cerca de Echo Park aquí en Los Ángeles. Fue ahí en la iglesia donde conoció a su hoy esposa con quien tiene 14 años de estar casados.

Carias fue detenido el 24 de julio cuando iba a una cita de migración acompañado por su abogada Nohemí Ramírez y su familia .

No tenía un historial criminal pero sí varias órdenes de deportación de su época de adolescente. La más reciente fue de 1995. Pero en 2014 comenzó a tratar de arreglar su situación migratoria en base a su matrimonio con una ciudadana estadounidense Victoria Carias.

La abogada de Carias, dijo que si bien el caso es complicado, han recurrido a varias vías legales: insistir en un perdón, solicitar la remoción de la deportación y la residencia en base a su matrimonio con una ciudadana.

“No se tuvo que pagar por una fianza pero le pusieron una pulsera electrónica para monitorearlo. Ésta le será removida cuando se resuelva algunas de las peticiones”, sostuvo.

El líder religioso reconoció que es incómodo traer el brazalete GPS, pero subrayó que no tiene precio estar en libertad, con su familia y su iglesia. “La familia es lo más importante que tenemos”, enfatizó.

Y en una conferencia de prensa, denunció los abusos al interior del Centro de Detención Adelanto.

“Lo peor que yo viví en Adelanto fue cuando me enfermé y no me daban atención médica. Me pegó bronquitis aguda dos veces y no me atendían. Me dolía el pecho y tosía mucho. Se tardaron siete días en permitir que una enfermera me revisara. Ya para entonces estaba muy mal y me tuvieron que dar antibióticos”, contó.

Platicó que uno de los guardias le confió que el trato de tortura que les dan en los centros de custodia de ICE es para obligarlos a que firmen su deportación y no regresen. “Son muy poquitos los guardias que son buenos y en los que uno puede confiar”, dijo.

“Lo que aprendí con esta terrible experiencia es que cuando un pueblo se une es posible tener una victoria. Eso ayudó a que mi caso saliera a la luz y cobrara fuerza. Ahora voy a trabajar por mí y por quienes están en peligro de deportación”, mencionó.