Un güipil puede tomar hasta tres meses en elaboración. Cuando la tejedora lo logra vender, el precio oscila entre los Q300 y los Q1,300 (el salario mínimo mensual es de Q2,747.07), según el nivel de detalle en el diseño.

La Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez (AFEDES) que reúne a más de 1.000 mujeres principalmente mayas en Guatemala, ha expresado su alarma de que la artesanía indígena, los textiles llamados “güipiles” en particular, están amenazados porque los tejidos industriales que se apropian de patrones indígenas han inundado el mercado guatemalteco privando a muchas mujeres nativas de su fuente principal de los ingresos.

AFEDES propuso una reforma legislativa que reconocería la noción de propiedad intelectual colectiva y reconocería a los pueblos indígenas como autores colectivos de su patrimonio cultural. El proyecto de ley protegería así a los tejedores mayas del plagio de sus patrones -un fenómeno que ocurre frecuentemente en la industria de la moda- y da como resultado su derecho a recibir regalías por su uso comercial. El proyecto de ley, número 5247, ha sido oficialmente aceptado para debatir y espera la consideración del Congreso.

 

Los tejedores mayas enfatizan que sus textiles son una expresión clave de su identidad cultural y espiritual con patrones que incorporan elementos espirituales, por ejemplo del calendario maya, y su lucha encarna su lucha por el empoderamiento indígena. “Aunque desde el punto de vista occidental el acto de producir nuestra propia ropa … es sinónimo de atraso o pobreza, para nosotros constituye el camino a la libre determinación de nuestras comunidades”, dijo la organizadora de AFEDES, Angelina Aspuac.

 

 

Información LifeGate