Madre guatemalteca con cáncer en el cerebro pide ayuda

Foto: GoFundMe

A Silvia De León, un cáncer en el cerebro la está consumiendo, pero aún así no para de trabajar en la limpieza de casas y oficinas, quiere ayudar a sus hijos menores de edad hasta el último aliento que le quede de vida.

“La vida me jugó muy mal”, dice esta mujer guatemalteca que llegó a Estados Unidos en busca de mejorar su situación económica. Dejó Guatemala hace 20 años y desde entonces se gana la vida como trabajadora doméstica.

“Durante años sufrí de dolores de cabeza. Pensaba que era por la alergia y la congestión que había padecido mucho”, dice esta Silvia, quien anda cerca de los 50 años.

Pero en mayo del 2018 sufrió una convulsión que dos días más tarde la mandó al hospital. “El doctor determinó que me había salido un tumor cerebral y que necesitaba operarme de inmediato. El tumor me lo sacaron. El cáncer sigue ahí. Las células cancerosas se regaron por todo el cerebro”, platica.

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Silvia es una madre soltera de cuatro hijos, dos hijas de 29 y 30 años ya casadas, y dos menores, un niño de 17 años y una niña de 11 años.

Debido a su condición migratoria, no tiene un seguro médico. Se ha atendido a través del MediCal de emergencia, la única opción que tienen los adultos indocumentados cuando sufren una emergencia médica.

Silvia cuenta que el doctor le dijo que el nombre de su mal es metástasis glioblastoma, una forma de tumor muy agresivo que con quimioterapia y cirugía puede alargar la vida a uno o dos años.

“Me han dicho que estoy en el cuarto nivel, y me han dado seis meses después de julio. Qué pase cualquier cosa, pero yo estoy en manos de Dios, y será él quien decida”, dice esperanzada.

Esta madre de familia reconoce que a causa de su enfermedad, ha perdido algunos clientes.  “Esta semana dejé unos días sin ir a trabajar porque me dio una convulsión, y me tuvieron que hospitalizar. A estas alturas, las cosas se me olvidan y no me acuerdo de tomarme las pastillas”, dice.

Sin papeles

A pesar de la quimioterapia que le dan cada mes, Silvia saca fuerzas de la nada para no faltar a trabajar porque le angustian sus hijos menores. “Quisiera que Dios me dejara vivir hasta terminar de pagar mi carro para dejárselo a mi hijo de 17 años”, dice.

Aún en medio de su crítica situación de salud, Silvia sueña con arreglar su estatus migratorio.

“Me gustaría solicitar una visa U – que el gobierno estadounidense otorga a las víctimas de crímenes serios-. En agosto pasado, cuando regresaba de trabajar como a las 12 de la noche, me asaltaron tres hombres a una cuadra de mi casa, me golpearon por robarme la cartera y  me arrastraron. Mi hija llamó a la policía y se levantó un reporte policial. Hay un video que muestra todo. Nomás que me sienta bien voy a ir a buscar asistencia legal, y pedir la certificación policiaca”, comenta. 

Esta inmigrante vive en el sur de Los Ángeles, en un área con altos niveles de crimen donde no se recomienda salir de noche.

Apoyo económico

A escondidas de Silvia, una de sus clientas Gwen Driscoll, abrió en el sitio de Internet GoFundme, una cuenta de recaudación de fondos para ayudarla con algo de dinero. Entre sus amigas, consiguió 590 dólares que le entregó en diciembre a Silvia.

Lo que a Silvia, si le gustaría pedir a la comunidad es que la apoyen con los gastos de su funeral para que su familia no se quede con esa deuda.

Puedes Ayudar en este enlace de GOFUNDME

Ayuda a Silvia: click:GOFUNDME

“Mis hijas mayores, se van a quedar a cargo de mis hijos menores, pero no los quisiera dejar con los gastos de mi funeral”, dice. En especial, le preocupa mucho su hija Catherine de 11 años quien cursa el quinto año.

Por eso es que esta madre pidió ayuda para hacer frente a los gastos funerarios.

“Yo sé que todos nos vamos a morir un día, pero nunca imaginé llevarme esta sorpresa y que fuera tan temprano cuando mis hijos todavía me necesitan tanto. La vida me la jugó muy mal. Me hubiera gustado irme cuando mi hija Catherine estuviera más grande”, dice sollozando, agobiada por la pena.

Silvia dice que no tiene coraje contra Dios. “Sé que él me ama y quiere lo mejor. Aunque cada día siento que las fuerzas se me acaban y por momentos me siento muy decaída, voy a seguir luchando contra esta enfermedad. Tengo toda mi confianza en que el milagro se va a dar”.

Con información de la Opinion.com